lunes, 25 de enero de 2010

Independence Day

                                                                



(...)

nada es verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

Campoamor

En un escrito anterior relatábamos la fiesta del 10 de diciembre del 2009. En dicha fiesta y estando como invitado el médico tibetano vecino, estuvimos charlando sobre las ventanas y la falta de cristales en algunas de ellas. Viendo que la mayoría de las que tenían los cristales rotos coincidían con las habitaciones de los niños, nos propuso el mandarnos los cristales, siempre y cuando los montáramos nosotros, quiero decir yo. Por supuesto que aceptamos, quiero decir acepté.

Yo pensé que en cuestión de una semana tendríamos los cristales, y con ello se sobrellevarían en el interior los días más fríos, los que estaban por venir. Iluso de mí, aquí la noción del tiempo es totalmente diferente de la nuestra. Aquí las cosas no tienen tiempo. Todo pasa cuando pasa, aunque sin premuras, sin preocupaciones.

Así, con paciencia, se sucedieron las semanas hasta que un buen día vino por aquí, el médico tibetano, pidiendo que algunos de los chicos mayores de la Casa le acompañaran para ir a buscar los cristales. Habían pasado cinco semanas largas.

Bueno el caso es que los cristales estaban aquí y tenía que colocarlos, por lo que previa busca de masilla de cristalero y de un corta cristales, pues las medidas de todos no eran correctas, me puse manos a la obra. Y hoy 25 de enero del 2010 he terminado de colocar 32 cristales en las ventanas de la Casa de acogida.

Justamente he terminado la víspera de la celebración de la independencia de la India. Bueno será una coincidencia, pero resulta que mañana también nos vamos de la Casa previa asistencia al Festival que con motivo de tal ocasión se celebrará en el Colegio St. Mary’s High School.

Hace ya unos meses, cuando iniciamos este camino o andadura, lo iniciamos con ilusión, con alegría, con esperanza, pero también con el convencimiento de que en algún momento habría de terminar. Siempre es triste el separarse, el alejarse, pero hemos de aceptar ese hecho como algo ineludible. Es más, al iniciar este camino también tuvimos que separarnos, alejarnos de seres queridos. Todo tiene un principio y un fin y lo más importante es el camino en sí.

Sin duda alguna, a través de estos campos de cereales en invierno, y de arroz en verano, se oirá a algunos niños cantar esa cancioncilla infantil que Angie les enseñó para que con la sonrisa en la boca pudieran decidir quién era la primera en cualquier situación que se les presentase. Sin duda alguna, a través de estos campos, se seguirá oyendo: Pito, pito, gorgorito, dónde vas tú tan bonito, a la era verdadera, pin, pon, fuera…

Ha llegado el momento de reflexionar sobre este camino porque tenemos que abandonar esta Casa de acogida que tanto cariño nos ha dado. Y digo abandonar por que las circunstancias nos obligan. Nosotros hubiéramos continuado unos meses más, nos hubiéramos quedado aquí con estos niñitos, por más tiempo.

Los adultos no quieren que sigamos. Supongo que su decisión, que no se atreven a mostrar abiertamente, viene dada por muchas razones. Todas las vivencias han sido intensas, tanto para nosotros como para las personas que nos han acogido. Al igual que nosotros, ellos han tenido que transigir con nuestra manera de ser y de hacer, nuestras exigencias, nuestros consejos, nuestra falta de recursos materiales, y tantas y tantas cosas. Es normal que con herencias culturales y con mentalidades tan diferentes se produzcan desavenencias y roces, y también es normal que de un grano de arena se haga una montaña. Y como decía en el encabezamiento: nada es verdad ni mentira…

En todo caso y como no es el momento de los reproches, queremos agradecerles su paciencia y su buena acogida, tratándonos, muchas veces, como si fuéramos personajes importantes.

Desearíamos que lo vivido con ellos, les haya mostrado a los responsables de la Casa, que hay otras maneras de tratar a los más pequeños. Pues son los niños y las niñas de 4, 5, 6, 7 y 8 años los que más necesitan cariño, comprensión y atención, pues son los más desvalidos. Es por ellos que hemos “luchado” y por los que hemos intentado, hasta el final, que tuvieran unas mejores condiciones de vida. Y no es que los más mayores no se merezcan lo mismo, no es eso, pero los mayores tienen otras alternativas, tienen otras oportunidades y otras armas para enfrentarse a las condiciones de vida de la Casa.

Nosotros nos vamos con dolor por la separación de los niños, pero nos vamos contentos por todos los momentos vividos. Y contentos, también, por haber creado este espacio con el que algunos os habéis identificado y con el que algunos os habéis sentido contentos. Si hemos podido arrancar sonrisas, risas, esperanzas, ilusión o cualquier otra emoción que os haya hecho vibrar, nos sentiremos inmensamente recompensados por el esfuerzo.

Todavía no sabemos qué haremos durante los próximos meses, pues pensamos agotar nuestra estancia en la India hasta la fecha de regreso que figura en nuestros billetes de avión. Pero seguro que buscaremos otro proyecto, otros niños con los que compartir nuestro tiempo. Puede ser que vayamos a Tamil Nadu, en el sur de la India en donde hay un proyecto para escolarizar a más de 40.000 niños que trabajan en talleres y telares que utilizan hilo de seda para convertirlo en saris u otras piezas.

En cualquier caso, gracias a todos vosotros por vuestro constante apoyo y vuestro cariño. Hasta siempre…

jueves, 31 de diciembre de 2009

Navidades indias


      No es frecuente que una satisfacción se pose precisamente sobre el deseo que la había reclamado.

Marcel Proust 


Hace unos días en este mismo blog y luego, más tarde, al escribir las Felicitaciones a familiares y amigos, comentaba que aquí no se veía ningún ambiente navideño por ningún sitio, y que debido a ello no nos daba la impresión de que estuviéramos ya en los últimos días de diciembre. Sin embargo las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Como así pasó, pues las cosas cambiaron de la noche a la mañana. .

Todo empezó el pasado día 23, en el que recibimos nuestra primera felicitación de Navidad. Nos la mandaba una buena amiga desde Bruselas. Esa felicitación fue una sorpresa y un descubrimiento para todos los niños que compartieron con nosotros este día. Estaban encantados con todo lo que en ella se veía y se podía tocar, pues como veis en las fotos es, nada menos que en 3D.





Más tarde, el día 24 nos fuimos a cenar con unos amigos tibetanos, y ello por recomendación de Tsepal, su hija de 6 años. A la niña en su colegio, o mejor en su clase le hablaron de las Navidades y de las celebraciones en estos días en los países occidentales. Y como no podía ser de otra forma, Tsepal al llegar a su casa les dijo a sus padres que tenían que cenar con nosotros; pues éramos europeos, estábamos lejos de casa y no teníamos familia, y que no estaba bien que nos sintiéramos solos en estas fiestas tan importantes para nosotros. Así fue como decidimos ir a cenar juntos a un restaurante indio. Comimos un pollo tandori y nos bebimos unas cervezas y luego estuvimos comprando algunos regalos en Dharamsala.

Y ya el día 25 fue la Navidad total, la Navidad en toda regla. Empezó por la mañana, Chhopel nos entregó una felicitación en nombre de los responsables y trabajadores de la Casa, para a continuación entregarnos otra de todos los estudiantes. A partir de ese momento una multitud de dibujos hechos por los más pequeños invadieron nuestra habitación. Y digo invadieron en el sentido de se instalaron. Los pequeños iban viniendo de uno en uno o en grupitos para pedirnos papel en el que dibujar su árbol, su coche, su camión, o sus estrellas. Así fue como comenzamos a colgar cada uno de su hilo correspondiente, encima de nuestra cama. Al cabo del rato ya teníamos decenas de dibujos colgados y deseándonos Feliz Navidad.

















Ahí si que ya no pudimos resistirnos y tuvimos que admitir que aunque afuera, en las calles, no había indicios de Navidad sí la sentíamos en nuestra propia habitación, y, lo que es más importante, en nuestros corazones. Estábamos compartiendo este día con personas que nos querían y que nosotros queríamos.

Por otra parte, el frio ya empieza a notarse de lo lindo y muchos de los niños andan un poco escasos de ropa. Como siempre pasa, los peques son los que menos tienen, los que menos protestan y los que peor lo pasan; muchos de ellos no tienen calcetines, ni zapatos cerrados, ni ropa interior ni chaquetones. Así que hemos aprovechado estos días que ellos tienen una semana de vacaciones para comprar calcetines, ropa interior y chaquetones de invierno. Y qué duda cabe que el mejor momento es cuando les vamos dando a cada cual lo que necesita. Sus caras, sus ojos, sus sonrisas son lo mejor que tenemos aquí en esta Casa. Con sus expresiones nos sentimos felices y llenos; inmensamente agradecidos a ellos por todo lo que nos aportan, por todo lo que nos enseñan y todo lo que nos dan.

Ah, casi se me olvida, tambien hemos aprovechado estos dias de vacaciones para hacer muñecas o muñecos de trapo para los más pequeños. El único requisito para tener una era ayudarnos a coser y a rellenar el cuerpo, daba igual que el solicitante fuera niña o fuera niño.





Bueno, nada más por hoy. Ahora bien, no querríamos despedirnos de todos vosotros sin antes desearos lo mejor para este nuevo año que en unas pocas horas comenzará. Feliz 2010 a todos vosotros de parte de todos los niños y de también de nosotros.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Tiempo de oro

El tiempo es, muchas veces, comparable a un fino polvo de oro que dejáramos caer distraídamente entre los dedos sin siquiera darnos cuenta. Bien utilizado, se convierte en la lanzadera que movemos entre los hilos de los días para tejer la tela de la vida.”

Matthieu Ricard


Ya estamos a tan sólo unos días de la Navidad. Esas fiestas queridas por unos, sobre todo los más pequeños o los jóvenes por ser momentos en que reciben regalos, dinero y tienen vacaciones. Temidas por otros, bien por recuerdos tristes, bien porque son fechas de reunión y por lo tanto de discusión, a veces con demasiada pasión. Pero en todo caso son fiestas en las que se respira, en un principio, un ambiente más humano, más solidario.

En España en la ciudad, en el pueblo, en el barrio se adornan las calles y comercios con luces, se escuchan villancicos, se comparten turrones y se hacen regalos a próximos y a lejanos.

El hecho, también de peso, de que un nuevo año comience parece que nos abre la puerta a tener otra oportunidad para comenzar tambien nosotros de nuevo. Parece que podamos decirnos: olvidemos lo malo y hagamos votos por lo bueno.

Aquí, en Dharamsala no pasa nada de nada de todo ello. Aquí no es fiesta, aquí no hay luces de colores, aquí no hay villancicos, ni turrones ni carteles que te ofrezcan el paraíso si compras tal o cual cosa. Claro para ello ayuda el no mirar la TV. Supongo que también ayuda el que nos encontremos en una región en la que se concentra una gran cantidad de exiliados tibetanos. Ellos celebrarán la entrada en  el nuevo año el próximo 14 de febrero del 2010. Su calendario es diferente y se rige por la luna, eso quiere decir que cada año cambia el día en que comienza el nuevo año.



Aquí como os digo nos acompaña el frío, casi siempre el sol y las montañas nevadas que dejan constancia del lugar en el que nos encontramos.







A modo de revancha por carecer de Navidad, el pasado 10 de diciembre celebramos el cumpleaños de un conocido, querido y venerado Rimpoché de la región de Spiti, así como el aniversario de la concesión del Nobel de la Paz a S.S. El Dalai Lama.







La celebración consistió en una gran cena para los residentes en la Casa y algún que otro invitado, y luego música y bailes de la mencionada región de Spiti. Debido a ello la casa se llenó, sobre todo, de gente joven. Unos 100 jóvenes se unieron al grupo, y os puedo asegurar que todos pudieron degustar las sabrosas tortillas de patatas que preparamos para la ocasión. En total fueron diez tortillas. No es que tocara a mucho, pero estoy seguro que hubo para todo el mundo que quiso probarlas. De todas formas con una sola sartén tampoco podíamos hacer maravillas. Bueno también se hicieron momos de carne y momos vegetales (el momo es como un ravioli grande que se come o bien hervido o bien frito), arroz y cordero con verduras, además de un gran pastel, dulces y galletas. La bebida se redujo a té, agua caliente o te con leche.











Por supuesto, después de la cena hubo baile. La música era de la región de Spiti como os he comentado, como no, y el baile consistía en hacer todos los bailarines una rueda que se movía avanzando con muy pocos movimientos y todos los bailarines desplazándose y evolucionando al unísono.









Bueno poco más os voy a contar por hoy. Lo que no vamos a olvidar es felicitaros a todos estas fiestas, la transición y, sobre todo, el comienzo de ese nuevo año, 2010. Os deseamos que podáis aprovechar el tiempo, y que no perdáis ninguno de esos granitos de oro de que disponemos. Cerremos las manos e intentemos vivir cada minuto con la mayor intensidad.

lunes, 14 de diciembre de 2009

De nuevo en la Casa

                            “Sobre la naturaleza de la felicidad, no nos ponemos de acuerdo, y las explicaciones de los sabios y del vulgo no coinciden”.

Aristóteles

Con un poco de retraso sobre mis intenciones, comienzo este escrito para todos vosotros. Es un escrito que quiere informaros de los acontecimientos que se han producido en las últimas semanas. Para poder explicaros pormenorizadamente todo lo acontecido necesitaría unas cuantas páginas y vosotros unas cuantas horas, es por ello que voy a intentar resumirlo, aunque debido a ello tendré que suprimir algunos detalles que más de uno juzgaría interesantes. Pero como tengo que ir al grano comenzaré de la manera que mejor sepa.
 
El pasado 10 de noviembre y debido a diferencias y problemas con los responsables de la Casa la abandonamos, o mejor nos pidieron que la abandonáramos. Los motivos como digo eran importantes y graves, de naturaleza financiera y de falta total de responsabilidad sobre los niños por parte de los dirigentes de la Casa. Debido a ello, también Fundación por la Justicia decidió tomar la decisión, muy a su pesar, de interrumpir la financiación del proyecto que habíamos iniciado.

Los días siguientes fueron difíciles y prolijos en contactos con diferentes personas y entidades. Todo el mundo nos animaba a continuar con el proyecto porque los únicos perjudicados, decían, eran los niños. De la misma manera tanto el Secretario como profesores de Ramdha Buddhist Society, nos pidieron tener una reunión con ellos para poder disculparse por lo sucedido y pedirnos que volviéramos.

Nosotros mientras tanto y para alejarnos un poco del centro del problema decidimos visitar otros proyectos. Ello nos permitió tomar distancia y conocer otros proyectos y otras personas.

A nuestra vuelta a Norbulingka, a finales de mes, tuvimos las reuniones pertinentes con los representantes de la Casa los cuales y pese a ser informados de que no recibirían los fondos previstos desde España, insistieron en pedirnos perdón por lo sucedido y solicitarnos que volviéramos de nuevo para trabajar con los niños.

El dilema estaba servido desde hacía días, pero ahora tocaba el momento de la decisión. ¿Qué íbamos a hacer? Si bien la decisión de Fundación por la Justicia era totalmente justificada, el seguirles suponía abandonar el proyecto y con ello abandonar a su suerte a todos estos niños con los que habíamos trabajado por espacio de dos meses y medio. El volver a la Casa sin financiación querría decir que nos centraríamos en el cuidado de los niños, primando la alimentación y la salud, y los responsables ya no tendrían el aliciente tentador del dinero como objetivo. Esta última opción iba teniendo más peso en nuestras mentes, y era justamente la que todos los que conocían la problemática de la Casa defendían.

Por lo que les planteamos a los responsables de la Casa nuestra vuelta con la condición de que la única aportación monetaria sería la que nosotros pudiéramos aportar y el ofrecimiento de un médico tibetano de poner una caja petitoria en su consulta, en ambos caso el dinero sería empleado únicamente en comida y salud, y en última instancia en la solución de algún problema grave, como el reponer los cristales rotos de las habitaciones de los niños en la planta baja.

Ellos aceptaron sin pensárselo y he aquí que volvieramos el pasado 30 de noviembre sobre las 12 horas. Tres meses exactos después de nuestra llegada volvíamos a entrar en esta Casa de acogida.

No os ocultaremos nuestras dudas durante todos esos días y horas. Pero creo que cuando los niños nos vieron a la vuelta del colegio desaparecieron todas las dudas. Fuimos rodeados por tanto cariño y tanto calor que nos dimos cuenta de que habíamos tomado la decisión apropiada.

Por todo lo expuesto veréis que a partir de hoy, y en el margen superior derecho ya no está el Logo de Fundación por la Justicia ni el número de cuenta corriente para ingresar donativos para los Niños del Himalaya.

Querría terminar este escrito pidiéndoos disculpas por haberme demorado en contaros lo sucedido, pero ni la situación me permitía el concentrarme en otras cosas que no fueran el intentar el tomar la mejor decisión, ni las cosas eran tan simples como para poderlas contar con cuatro palabras. Supongo que entendéis y disculpáis el silencio durante todos estos días. Gracias.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Coincidencias y diferencias

"Pito pito gorgorito,
dónde vas tú tan bonito,
 a la era verdadera,
pin, pon fuera."

En la Casa se oye esta canción infantil de fondo. A veces por los caminos también se puede escuchar. Incluso en los patios de los colegios si prestas atención la reconocerás. Sí, son niños indios, sin embargo cantan esta canción infantil española. Una canción aprendida durante las noches y las mañanas en que Angie les ponía la crema, les daba las pastillas, les hacía hacer vahos… En fin en las noches y en las mañanas en que Angie como una enfermera eficiente cuidaba de ellas. Cada vez todas y cada una querían ser las últimas en ser cuidadas. Era su manera de poder disponer de más tiempo para reír, para jugar, para estar juntas. Y cada vez y para decidir el orden en que iban a ser curadas Angie buscaba una canción. La de más éxito era la “pito, pito, colorito…” Y no os podéis imaginar con qué rapidez la aprendieron. Y lo mejor es que la cantaban sin ningún acento. Es por ello que ahora y de vez en cuando por la Casa se sigue oyendo esta canción.





Pero bueno, diréis, y los niños dónde estaban mientras las niñas aprendían esa canción. O tal vez es que los niños no se ponían enfermos, os preguntareis…, o es que ellos no aprendieron español. Con calma intentaré contestar todas esas preguntas que seguro os hacéis.

Los niños estaban en la misma habitación, también ellos necesitaban pastillas, vahos o cremas. Pero el enfermero de los chicos era Juan, también llamado “uan” o “one”. Los niños a veces también repetían lo de "Pito, pito colorito", pero la mayoría de las veces jugaban con las sillas con ruedas como si fueran coches, se revolcaban por el suelo, mostraban sus músculos, se peleaban, gritaban o se colgaban de los brazos de “uan” como si de una exhibición de forzudos se tratara.









Sí hay que reconocerlo una vez más, el comportamiento de los niños en La India también es diferente del comportamiento de las niñas.

Sólo hay que asomarse a la ventana un domingo por la mañana. Normalmente los días son soleados, por lo que durante las mañanas de los domingos y justo después del desayuno, disponen de algo de tiempo para jugar antes de dedicarse a los quehaceres de limpieza. Por lo que si os asomáis a la ventana y miráis hacia el campo que hay junto a la Casa, veréis grupitos de niñas y grupitos de niños. Las unas cantan o hablan en grupos homogéneos, mientras que los otros luchan, saltan y corren en grupos dispersos.

En fin que la próxima vez que oigáis "pito, pito gorgorito", seguro que os preguntareis quienes son esas niñas que lo cantan. Y si sólo oís la canción y no veis las caras, no podréis asegurar que las niñas son de una nación en concreto. Aunque lo que sí podréis decir es que casi seguro que mientras las niñas están cantando, los niños, si son españoles o indios, estarán saltando, luchando o corriendo.

sábado, 21 de noviembre de 2009

No necesitamos la mentira

Debemos ser el cambio que queremos en el mundo
Mahatma Gandhi



Hola a todos desde Norbulingka. Esta semana me gustaria compartir dos temas con vosotros, el primero es la venida de S.S. El Dalai Lama a Norbulingka.

El Dalai Lama vino por la presentación de su biografía y pasó el día en el Instituto Norbulingka. Como podéis imaginar fue fiesta y todos los niños de la Casa de acogida disfrutaron de ropa nueva, que les regaló una asociación de Taiwan y de unas horas de juegos y de estar cerca de S.S. El Dalai Lama, aunque muchos de ellos no fueran muy conscientes de ello.


Para celebrar su venida los más mayores de la Casa, con la ayuda de algunos monjes, erigieron una especie de puerta, como podéis ver en las fotos, y también en ellas los veréis la mar de contentos, para saludar la llegada de S.S. y eso al filo de las 10 horas.
















La verdad es que fue breve, tan breve como tarda un coche en pasar a 30 km/h por un punto en una carretera. Según nos comentaron más tarde, durante su discurso S.S. dio las gracias un par de veces a los niños de la Casa por haber realizado la puerta y haber salido todos a recibirlo.

Acto seguido nos fuimos dando un corto paseo hasta el Instituto Norbulingka, allí se enseñan todas las artes y manualidades tibetanas, allí hay también un bonito templo y unos jardines preciosos. Durante todo el día se realizaron diferentes ceremonias, las cuales acabaron a las 16:30 horas


















También a nosotros este acontecimiento nos ha servido de excusa para hacer fotos de los niños y así poder mostrároslas en el blog.

Y después de tantas fotos, un poco más de letras tal vez os parecerá bien, por lo que vamos a por el segundo tema:

Hoy he querido comenzar este escrito con unas palabras de Gandhi.

Son pocas. Son simples. Son profundas. Te implican personalmente y en todo lo que haces.

Palabras fáciles de decir, pero que llevan una gran carga de responsabilidad en todos nuestros actos.

Y comienzo con esta frase porque resume bien el fondo de la conversación que mantuvimos hace unos días a propósito de las informaciones que se publican en algunos medios por parte de algunas ONG que por la necesidad de obtener fondos llegan, en algunos casos, a mentir o alterar la realidad o a disfrazarla. La mayoría de las veces se miente o se disfraza la realidad con el objetivo de obtener más dinero para un proyecto. Se engaña conscientemente a las personas para que den más dinero. Pero si reconocemos que la realidad no necesita adornos, tal vez en lugar de mentiras se podría recurrir a otros herramientas.

Yo mantenía la opinión de que en la sociedad actual la mentira se ha vuelto un útil que siempre se maneja a conveniencia. Creo que cuando se está hablando de causas de miseria, de necesidad, de penuria, relacionadas con cualquier ámbito, ya sea médico, paramédico, social, infantil, o cualquier otro campo que queramos englobar, no es necesario adornar la realidad con mentiras. La realidad por sí misma es suficientemente elocuente como para no necesitar adulterarla.

Creo que la mentira desacredita todo lo que toca. Y la prueba está en cómo está de desacreditada la familia política, las administraciones, y no creo necesario repasar todo lo que ha desacreditado la mentira en nuestra vida cotidiana.

Creo que cuando una serie de personas se constituyen o trabajan en una Organización no Gubernamental, implica muchas cosas. Las tres letras juntas tienen toda una filosofía en sí mismas y a esa filosofía se debería de adherir toda persona que presta sus servicios en una ONG, o similar.

Como podéis imaginar no todos estábamos de acuerdo, y algunos sostenían que ese tipo de mentiras eran piadosas. Yo personalmente prefiero conocer la verdad, y la “etiqueta” de piadosa debería de ser yo el que la colgara. Porque si no la gente me puede contar muchas mentiras y aplicarle la etiqueta de piadosa a todas y yo considerar que la etiqueta a aplicar en cada caso fuera la de grosera, burda, deshonesta, cochina o cualquier otra.

O dicho de otro modo y en otro contexto, como afirmaba Gervasio Sánchez en una entrevista realizada con ocasión de la concesión del Premio Nacional de Fotografía: “No admito que los periodistas mientan”.