
Con abstenernos de hacer daño a los demás no basta,
debemos esforzarnos por beneficiarlos.
Principio budista
Un gran saludo a todos vosotros, lectores de este blog, que seguís nuestros escritos, unos con asiduidad, otros de vez en cuando, pero todos con una gran dosis de clemencia. Nuestra intención, como sabeis, es únicamente el mandaros las noticias, las evoluciones de esta Casa de acogida de niños en la que nos encontramos. Os contamos lo que creemos que os puede interesar, pero vamos un poco a ciegas, por lo que si tenéis alguna curiosidad, si queréis conocer algo en concreto, nos podéis dejar un comentario en el blog e intentaremos satisfacer vuestro interés y curiosidad.
Esta semana y en primer lugar os mostramos el logotipo que un profesional del diseño y amigo de Barcelona, Mario, ha hecho para todos nosotros. Sólo deciros que durante las primeras semanas que estuvimos aquí, pudimos ver en incontables ocasiones ese arco iris que Mario previamente ya había bosquejado.
Y ya pasamos al tema principal de este blog, que son los niños. Cuando planeamos nuestra venida, incluso cuando llegamos, nuestras ideas, en nuestras cabezas, estaban meridianamente claras: ayudar a los niños de la Casa de acogida, ayudar a los Niños del Himalaya, que es como, otra amiga, decidió llamarlos. Queríamos aportarles una mejor alimentación, un mejor lugar en el que vivir; queríamos que esa ayuda se perpetuara en el tiempo, o mejor, que esa ayuda sirviera para poder establecer una forma de autofinanciación para que, en un futuro, otros muchos niños tuvieran la posibilidad de beneficiarse de todo lo hecho.
Los días trascurrían y las complicaciones comenzaron a surgir, cosa previsible y normal. Lo curioso es que nunca eran, ni han sido, los niños los causantes de esas complicaciones. Eran y somos los mayores los que siempre con nuestros actos impedimos que las cosas fáciles se realicen. Eran y somos los mayores los que con nuestros egoísmos, nuestros afanes de protagonismo, nuestra falta de juicio provocamos que todo se complique, se torne difícil y, en algunos casos, se decida que es imposible realizar.
Pero los niños, estos niños son una maravilla. Claro, estos niños, "nuestros niños", son traviesos, juguetones, escandalosos, en fin como deben de ser los niños. Pero ellos son también muy cariñosos, muy obedientes, muy respetuosos. Los más pequeños son como trocitos de pan, siempre dispuestos a ayudar, a hacer, a colaborar, a reír, a obedecer, a aceptar.
Nosotros tenemos la suerte de estar mucho tiempo con los más pequeños, con esos trocitos de pan. No siempre en circunstancias placenteras, como cuando hemos ido con una treintena al médico, pero siempre disfrutando de su compañía, de sus sonrisas, de sus manitas que cuando tienen miedo buscan la tuya, de sus ojitos que ahora huyen tímidos de los tuyos o ahora te buscan con urgencia y cariño.
Os contaré que aquí unos de los principales problemas es la falta higiene y por ende la falta de limpieza. El lunes pasado, como casi cada lunes, fuimos con una decena de niños que tenían problemas de piel debido a la falta de higiene tanto en la casa como la personal. El médico les recetó una pomada a aplicar después de un baño con agua caliente. El martes la bomba de pozo se estropeó, por lo que no agua y no baño, el miércoles estaban reparando la bomba, por lo que no agua y no baño y el jueves y el viernes seguían reparando la bomba, por lo que no agua no baño…
Sábado, ¡la bomba estaba reparada!, y además algunos niños no tenían clase, por lo que fuimos llamando a los que allí había para que vinieran a que los bañáramos. Deberíais de haberlos vistos, haciendo cola con sus ropitas limpias preparadas, unos sonriendo y otros un tanto temerosos. Claro deberíais de saber que ellos se comunican entre sí en su dialecto, el Spiti; y los más pequeños apenas conocen un par de palabras en inglés. Hago esta aclaración por lo de temerosos, porque cuando los llamamos y les explicamos con palabras y con gestos que vinieran con nosotros, ellos vinieron pero no sabían muy claramente de qué se trataba.
A la hora del baño nos fuimos turnando Angie y yo. Angie se ocupaba de las niñas y yo de los niños, pues algunas y algunos son un poquito vergonzosos, y no querríamos que se sintieran más incómodos de lo normal. Los bañamos, les aplicamos la crema, les cortamos las uñas, les limpiamos las orejas y todo lo que podemos. Ellos mantienen el tipo e incluso cuando les entra jabón en los ojos apenas unos pucheros aparecen en su caritas. Son tan buenos que casi no se mueven para no molestar.
Al final siempre nos dedican una sonrisa, nos imaginamos que de complicidad por haber cuidado un poquito de ellos.
Esas niñas de los que hablo y que veis en las fotos son: Chukit de 4 años, Yangcheng de 5 años y que es a la que se está bañando y Kunga de 6 años.
Los niños no han podido aparecer en las fotos por problemas técnicos en la cámara. Pero ya os mostraremos más fotos de estos encantadores pequeñajos. Aunque los menos pequeñajos sean también encantadores.
