“El tiempo es, muchas veces, comparable a un fino polvo de oro que dejáramos caer distraídamente entre los dedos sin siquiera darnos cuenta. Bien utilizado, se convierte en la lanzadera que movemos entre los hilos de los días para tejer la tela de la vida.”
Matthieu Ricard
Ya estamos a tan sólo unos días de la Navidad. Esas fiestas queridas por unos, sobre todo los más pequeños o los jóvenes por ser momentos en que reciben regalos, dinero y tienen vacaciones. Temidas por otros, bien por recuerdos tristes, bien porque son fechas de reunión y por lo tanto de discusión, a veces con demasiada pasión. Pero en todo caso son fiestas en las que se respira, en un principio, un ambiente más humano, más solidario.
En España en la ciudad, en el pueblo, en el barrio se adornan las calles y comercios con luces, se escuchan villancicos, se comparten turrones y se hacen regalos a próximos y a lejanos.
El hecho, también de peso, de que un nuevo año comience parece que nos abre la puerta a tener otra oportunidad para comenzar tambien nosotros de nuevo. Parece que podamos decirnos: olvidemos lo malo y hagamos votos por lo bueno.
Aquí, en Dharamsala no pasa nada de nada de todo ello. Aquí no es fiesta, aquí no hay luces de colores, aquí no hay villancicos, ni turrones ni carteles que te ofrezcan el paraíso si compras tal o cual cosa. Claro para ello ayuda el no mirar la TV. Supongo que también ayuda el que nos encontremos en una región en la que se concentra una gran cantidad de exiliados tibetanos. Ellos celebrarán la entrada en el nuevo año el próximo 14 de febrero del 2010. Su calendario es diferente y se rige por la luna, eso quiere decir que cada año cambia el día en que comienza el nuevo año.
Aquí como os digo nos acompaña el frío, casi siempre el sol y las montañas nevadas que dejan constancia del lugar en el que nos encontramos.
A modo de revancha por carecer de Navidad, el pasado 10 de diciembre celebramos el cumpleaños de un conocido, querido y venerado Rimpoché de la región de Spiti, así como el aniversario de la concesión del Nobel de la Paz a S.S. El Dalai Lama.
La celebración consistió en una gran cena para los residentes en la Casa y algún que otro invitado, y luego música y bailes de la mencionada región de Spiti. Debido a ello la casa se llenó, sobre todo, de gente joven. Unos 100 jóvenes se unieron al grupo, y os puedo asegurar que todos pudieron degustar las sabrosas tortillas de patatas que preparamos para la ocasión. En total fueron diez tortillas. No es que tocara a mucho, pero estoy seguro que hubo para todo el mundo que quiso probarlas. De todas formas con una sola sartén tampoco podíamos hacer maravillas. Bueno también se hicieron momos de carne y momos vegetales (el momo es como un ravioli grande que se come o bien hervido o bien frito), arroz y cordero con verduras, además de un gran pastel, dulces y galletas. La bebida se redujo a té, agua caliente o te con leche.
Por supuesto, después de la cena hubo baile. La música era de la región de Spiti como os he comentado, como no, y el baile consistía en hacer todos los bailarines una rueda que se movía avanzando con muy pocos movimientos y todos los bailarines desplazándose y evolucionando al unísono.
Bueno poco más os voy a contar por hoy. Lo que no vamos a olvidar es felicitaros a todos estas fiestas, la transición y, sobre todo, el comienzo de ese nuevo año, 2010. Os deseamos que podáis aprovechar el tiempo, y que no perdáis ninguno de esos granitos de oro de que disponemos. Cerremos las manos e intentemos vivir cada minuto con la mayor intensidad.
