Hoy es domingo y por lo tanto día de descanso. Las obras aún no han empezado. Fuimos demasiado optimistas al pensar que los presupuestos nos llegarían en tiempo y forma. Bueno ha habido retrasos, cosa que es normal. Mañana, o mejor, quizás esta semana empiecen las obras de la barandilla de la escalera y de los peldaños de la misma. Quizás podríamos añadir que a lo mejor viene el electricista. En fin parece que las cosas están prontas a comenzar.
Pero hoy es domingo, y quizás os hacéis preguntas a propósito de cómo son los vecinos, cómo son los alrededores. Quizás queréis saber cosas que no tienen que ver estrictamente con el proyecto. Si os parece podemos dar una vuelta y os cuento qué veo y añadimos algunas fotos y así tenéis una idea más objetiva del lugar en el que nos encontramos.
El sol quiere salir tímidamente por entre las nubes para calentar un poco los campos y para alegrar los colores de las flores, sobre todo el violeta que alfombra el verde que separa las diferentes terrazas de arroz. Todavía hace una temperatura agradable, pues vamos con mangas cortas, y necesitamos cubrir la cabeza de alguna manera, pues este sol quema.
Emprendemos la caminata siguiendo el sendero,una vereda de hormigón, pensada para que pase una sola persona. Es por ello que aquí no se oyen motores de coches ni de motos. El sonido es el propio del campo, el que producen los insectos, el que produce la brisa, y los que producen los seres humanos que vamos encontrando a nuestro paso. A veces son paseantes, como nosotros, a veces trabajadores cargados con abultados fardos sobre la cabeza, esos fardos, la mayoría de las veces, contienen la hierba que le dan a comer a los animales, y otras veces son los sonidos propios de las casas que vamos descubriendo en nuestro caminar.
Si las casas modernas de los pueblos que hay alrededor, tienen una construcción con el techo plano, con terraza; las del campo, pequeñas explotaciones agro-ganaderas, tienen el techo a doble vertiente, con lajas de pizarra superpuestas sobre bambús bien rectos. En estas casas encontramos cabras y vacas, pero también la recolección de maíz, secándose al sol, y suponemos que pronto la del arroz.
La vereda va serpenteando por el campo y se va entroncando con otras de tierra o con caminos un poco más espaciosos por donde podría transitar un pequeño coche.
También nos cruzamos con riachuelos y con canales. Todos los que encontramos están rebosantes de papeles, plásticos, zapatos o prendas de vestir y... Es como en tantas otras partes. Aquí tampoco se dan cuenta de que están vertiendo toda su basura al agua que necesitan para vivir, y que recogen y almacenan mediante diferentes sistemas. A la vera de esos riachuelos o canales, también suelen discurrir las tuberías de agua potable. Aunque para ser más exacto tendría que decir que por casi cada riachuelo, canal, camino o vereda vas descubriendo, manojos, aglomeraciones de tubos que recorren cientos de metros. Eso sí cada tubo va por su camino, hay veces que varios aparecen juntitos, pero la mayoría de las veces cada cual va a su aire, pues seguramente a cada cual lo instalaron en momento diferente por gente diferente.
Seguimos caminando y de repente un ruido de motor nos sorprende. De repente ese ruido nos llama la atención. Sin pensarlo decidimos investigar, ¿quién está perturbando la paz y el silencio? Emprendemos la búsqueda guiados por nuestros oídos. Pasamos por más casas-explotaciones agrícolas. Pasamos por entre muros recubiertos de musgos de varios colores, sintiendo su frescor y su humedad. Pasamos por bosquecillos de bambús, imponentes, robustos, fornidos, poderosos, cimbreándose plácidamente con la brisa de esta mañana de domingo. Nos topamos con las grandes hojas de los plataneros. Encontramos plantaciones de maíz, aunque lo único que quede de ellas sean escuálidas y consumidas plantas. Por todas partes el sonido del agua nos acompaña, aunque el repetitivo sonido de un motor de explosión sea el que nos guíe en esta peregrinación. Nos paramos a observar las mariposas y descubrimos el zumbido de las abejas por entre las flores malvas y amarillas.
Finalmente entrevemos a qué corresponde el ruido que perseguíamos. Se trata del motor de una hormigonera. Aquí hay muchos de estos motores que son de gasoil. Están construyendo una casa y para ello están haciendo hormigón para el suelo del primer piso. Para ello, el que maneja la hormigonera, vuelca el hormigón en el suelo, un obrero lo recoge con un recipiente-bandeja cóncavo que contiene una pequeña cantidad y se lo pasa a otra persona situada más arriba y así hasta a tres personas, en fin, hasta que llega al primer piso. Cada uno de los pasantes y para protegerse las manos lleva unos trozos rectangulares, como de caucho, que tienen unos hilos por los que pasan un par de dedos. Ello les sirve para no tocar el recipiente y por ende el cemento, los cuales quemarían sus manos. Una vez que llega el recipiente al primer piso, dos mujeres depositan un trozo de plástico grueso sobre el suelo, sobre el que se vierten hasta tres o cuatro cargas de los mencionados recipientes-bandejas. Cuando creen que es llegado el momento las dos mujeres cogen el plástico, cada una por dos de los extremos del trozo, giran las dos puntas, como si de un caramelo se tratara, y así lo trasladan hasta la zona en la que lo necesitan.
Nos quedamos como encantados mirando cómo estaba construida la estructura de bambú, mirando como se movían todas las mujeres y hombres. Nos quedamos boquiabiertos al ver los útiles que utilizan y lo bien adaptados que están. En fin nos admiramos de ver cuán diferentes son las formas de hacer las cosas, dependiendo en dónde te encuentras.
Sin duda las personas que hemos visto trabajando son intocables o dalits, o como se les llama desde el gobierno Scheduled Castes. Ellos, especialmente, son los que construyen las carreteras, hacen los trabajos más duros de la construcción o recogen las basuras.
Ya va siendo hora de volver. De repente nos damos cuenta que las nuves están descendiendo de las montañas y cubriendo todo lo que vemos. Nos apresuramos porque los truenos anuncian la lluvia inminente. Unos pocos metros antes de llegar gruesas gotas empiezan a mojar cuanto toca. Entramos en la Casa y es en ese momento que el cielo descarga una gran cantidad de agua.
Un te caliente nos acompañará y nos reconfortará.

2 comentarios:
Querido Juan y Miangeles: Siempre es un placer deleitarse con tus viviencias y como las explicas. Aquí ya ha llovido y el campo tiene otro olor y color. Ya te mando un correo y os explico. Muchos besos de vuestra familia Jimenata.
como siempre un placer leeros y gracias por las numerosas fotos. Es mucho trabajo pero por favor seguid escribiendo, todos lo deseamos... ;-) bxl
Publicar un comentario